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Arte feo y oscuro

Doya’, el surrealismo pop en las calles de Cali.

por David Muriel

Sus obras pueden verse en los barrios Granada y San Antonio, en el norte o en la Carrera 10 con Calle 5. “El arte es algo muy libre y para todo el mundo, no me gusta hacer cosas para una sola persona”, dice Bedoya.

Una hoja de papel en blanco está a punto de perder su pureza y virginidad en las manos de un joven de 23 años llamado Juan Felipe Bedoya, conocido en el terreno urbano como ‘Doya’, ya que así firma los dibujos que ha realizado en las calles de Cali para intentar “que esta ciudad deje de ser tan gris y monótona, es decir, leer una urbe distinta, por medio de la pintura como expresión social”.En estos momentos ‘Doya’ tiene murales y exposiciones de algunos de sus cuadros en ciudades como Cali, Medellín y Bogotá, y está pensando en viajar a Buenos Aires y Los Angeles a estudiar y a hacer más exhibiciones de su trabajo.

Sin embargo, cuenta que todo no ha sido color de rosas y, por el contrario, el camino que ha tenido que recorrer ha sido largo.

Los inicios de Felipe Bedoya en el arte fueron tremendamente normales, ya que hacía sus dibujos, pero no los mostraba a nadie de su familia. “Simplemente comencé a trabajar solo, a hacer dibujos de todo lo que veía o mezclándolo con la imaginación, hasta que las cosas comenzaron a dar frutos y ahora recibo todo el apoyo de mis familiares”.

“Mi mamá, María Eblin Alzate, era como todas las demás, pues quería que yo fuera médico, piloto o alguna de esas pendejadas, pero no me imponía nada, simplemente era un gusto de ella y siempre me apoyó en lo que yo quisiera. Por eso, desde que comencé a estudiar diseño gráfico en Bellas Artes y hasta ahora, siempre me ha respaldado”.

Los referentes artísticos de este caleño son Mark Ryden, Gary Baseman, Bob Dob y Robert Williams, “quienes son los pioneros en el movimiento Lowbrow, o surrealismo pop, que es una técnica nacida en Los Angeles, California, y se caracteriza porque sus dibujos manejan cierta pizca de humor y sarcasmo”.

Una clara muestra de su adelanto en este arte es su habitación, la cual tiene en las paredes una combinación de personajes grotescos y aberrantes entre seres tiernos y delicados, que dan un toque casi fantasioso y putrefacto a ese lugar lleno de color y oscuridad. “Este equilibrio entre inocencia y maldad sólo lo pueden poseer los niños”, quienes son los que más lo cautivan para darle rienda suelta a sus creaciones.

“Me interesa la fachada que manejan los niños entre la ternura y la maldad, y trato de rescatar la parte interna que es como la parte del mal, ya que actúan inconscientemente. Por ejemplo, cuando te golpean y se cagan de la risa todo el mundo los ve tiernos porque se ríen, pero por dentro llevan su perversidad y su violencia”.

Claro que ‘Doya’ no solamente se ha inspirado en los niños, sino también en su familia, por lo que tomó como base para un dibujo a su abuela, y en este sale ella vestida de monja haciendo sus necesidades en un sanitario mientras reza con su escapulario. “Más que todo me inspiré en su parte religiosa, porque veo que ella reza mucho y además me parece que las religiones tienen muchas partes contradictorias que para mí no tienen sentido…” Sin embargo, Bedoya dice que cree en un Dios, pero sólo como una energía y sin fanatismos.

De la hoja en blanco que tenía Juan Felipe al inicio ya no queda nada, su tranquilidad blanca se ha perdido en una maraña de líneas y curvas que lo hipnotizan, es como si solamente volviera en sí cuando tiene que responder a mis preguntas o cuando tararea pedazos de la canción Atom Heart Mother, de Pink Floyd, la cual puso a sonar desde que llegué. “Me gusta toda la música, desde la electrónica hasta sonidos árabes, gaitas… cualquier cosa que sea muy instrumental es ideal para dibujar”.

Su inspiración muchas veces se ve cortada o, como dice él, “trastornada”, y es necesario usar algunos métodos para abrir el apetito mental. “Salgo a vivir el entorno, lo pienso, tomo fotos y agudizo mis sentidos para encontrar una idea en la realidad que me pueda servir para llevarla a cabo en mi trabajo”.

“En ocasiones es muy difícil satisfacer a un público en particular, debido a que muchas veces las personas buscan cosas diferentes; hay unos que buscan las cosas tiernas, otros buscan lo absurdo o lo grotesco… y todo se maneja de forma distinta, son procesos creativos totalmente contrarios”.

Sus obras pueden apreciarse en los barrios Granada y San Antonio, en el bar Collage, al norte de la ciudad, o en la Carrera 10 con Calle 5. “El arte es algo muy libre y para todo el mundo, no me gusta hacer cosas para una sola persona, sino más bien hacer algo que la gente pueda adquirir con facilidad, sin limitaciones de dinero; prefiero algo que sea de fácil adquisición”.

Por tal razón, está promocionando una marca llamada Ugly Pops, la cual vende camisetas, llaveros, muñecos, protectores para portátiles y cuadernos. “Son cosas de excelente calidad y bajo presupuesto para que la gente escoja lo que le guste y tengan un poquito de arte. De igual manera yo, un poquito de dinero…” (risas).

Mientras me cuenta sobre más dibujos en la ciudad, la canción termina. Han sido 24 minutos de conversación y música. Bedoya se pone de pie, mira a contra luz la hoja cercenada en miles de trazos de lápiz, piensa por unos segundos y dice: “La entrevista terminó”. Arruga el papel y lo tira al cesto de la basura. “Sólo quiero que la gente reconozca el arte, que lo tome como propio y cambie la ciudad que está inundada de banalidad”.

Felipe Bedoya Ugly Pops

Fuente: Periodismo Libre

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