Absenta: El diablo verde

El alucinógeno usado por los soldados franceses en el siglo XIX

El Mariscal francés Thomas-Robert Bugeaud, en 1846 - Emile Jean Horace VernetEl ejército galo empleó un derivado de esta bebida para prevenir las enfermedades infecciosas durante su estancia en Argelia. Cuenta la leyenda que sólo una bebida consiguió dar el valor suficiente a Hemingway para saltar al ruedo y torear a un morlaco. Las habladurías dicen también que el mismo licor hizo que Van Gogh se cortarse una oreja para ofrecérsela como presente a una prostituta que amaba. A día de hoy, son muchos los mitos que existen sobre la absenta, pero lo cierto es que la de este néctar es la historia de un alucinógeno prohibido que hacía ver «hadas verdes» a los adictos y que, incluso, fue utilizado por los militares franceses en Argelia en pleno Siglo XIX para prevenir la aparición de enfermedades e infecciones.

A su vez, es imposible contar el devenir histórico de este licor prohibido sin hablar de la relación íntima que mantuvo con grandes personajes del mundo del arte como Manet o Picasso. Y es que, todos ellos quedaron prendados de la capacidad de este brebaje para trasportarles hasta lugares insospechados de su mente y fueron presos de la necesidad de volver a tomarlo cuando su efecto se esfumaba. No en vano, el escritor y poeta Oscar Wilde dijo de la absenta a su biógrafo que, «después de la primera copa, ves las cosas como quisieras que fueran, después de la segunda, las ves como no son y, al final, las ves como realmente son, y esa es la cosa más horrible del mundo».

El bebedor de Absenta - Viktor Oliva¿Qué es la absenta?
El «diablo verde», como es conocida por muchos, consiste en una bebida que puede contar con hasta 89º de alcohol y que es elaborado a base de hierbas y la denominada «santa trinidad»: anís verde, flores de hinojo y ajenjo. Así lo afirma María del Carmen Francés –catedrática de la Universidad Complutense de Madrid en el Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica- en su discurso «Consideraciones sobre creencias, farmacia y terapéutica»: «En el siglo pasado con las hojas y sumidades floridas del ajenjo, Artemisia absinthium L., de olor aromático fuerte y amargo, y los aromas de hinojo y anís, se preparaba un vino con elevada graduación alcohólica, de color verde, conocido con el nombre de “absenta”».

Dentro de su fórmula, el ingrediente que más destaca es el ajenjo, cuyo principal componente es la tuyona. A este compuesto es, precisamente, al que se culpabiliza de los efectos alucinógenos de la absenta. «Muchas plantas contienen este principio activo (aunque en cantidades muy variables), tales como salvia, tanaceto; y, sobre todo artemisia», explica, en declaraciones a ABC, el Farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria Dr. José Manuel López Tricas(autor también de la Web especializada «Info-Farmacia»).

Usada por griegos y romanos
A pesar de que la absenta como tal no se inventó hasta bien entrado el Siglo XVIII, su principal ingrediente -el ajenjo- sí fue muy utilizado en Europa desde la Edad Media debido a sus propiedades curativas. No es para menos pues, como se conoce desde la antigüedad, es muy útil para combatir las malas digestiones, la falta de apetito, los problemas biliares o la ictericia –entre otras muchas cosas-. Esto provocó que, ya en la época de los antiguos griegos y romanos, los boticarios y «medicus» de las legiones hicieran uso de él para tratar de mejorar la salud de los ciudadanos y combatientes.

«En diversos textos como por ejemplo la “Historia natural de Plinio El Viejo” se menciona el ajenjo (especies del género Artemisia) como antihelmíntico, es decir, para favorecer la expulsión fecal de los gusanos y parásitos intestinales. Esta práctica (la cocción de extractos vegetales de estas plantas) perduró hasta casi el Renacimiento. De hecho, la denominación vulgar para el ajenjo en inglés es “wormwood” (worm: gusano; wood: madera o árbol)», destaca Tricas, quién también señala las múltiples referencias que hay en la Historia al uso de este compuesto.

absentaUnos padres desconocidos
Como en toda gran historia, a la hora de hablar del nacimiento de la absenta como tal se mezclan inevitablemente ficción y realidad. La leyenda es la que afirma, en primer lugar, que el padre de este licor fue un tal Pierre Ordinair quien, en 1792 –poco después de la Revolución Francesa-, se dedicó a viajar por Suiza vendiendo junto a su fiel jamelgo Roquette un líquido llamado «La Fée Verte». Según afirmaba, su extraño brebaje sanaba la epilepsia, la gota, los cálculos renales, los cólicos, los dolores de cabeza y evitaba la aparición de gusanos en el estómago. Sin duda, ofrecía una gran cantidad de ventajas, algo que –en aquellos años- no era raro entre los diferentes «tónicos curalotodo».

En lo que se refiere a la Historia como tal, a día de hoy no es posible afirmar de forma fehaciente que Ordinaire fuera el inventor de este licor. Sobre el papel, de hecho, se desconoce al genio que elaboró la bebida, aunque sí se tiene constancia de quién fue el que consiguió generalizar su venta. «Se ha atribuido a Pierre Ordinaire, médico francés, la formulación de la primera bebida de absenta, mientras vivía en Suiza. Es muy difícil tener la certidumbre pero, en cualquier caso, hay que considerar a Henri-Louis Pernod el pionero, al menos en lo que se refiere a la producción “industrial” del preparado. No en vano, abrió una fábrica en Pontarlier, Francia, en los primeros años del siglo XIX», añade el experto a este diario.

Pernod, según cuenta Francés, había comprado a su vez la receta de la absenta a unas monjas que la vendían en pequeñas botellas como un elixir de sanación. Con todo, el tiempo demostró que él supo comercializarla en el mercado mucho mejor que las religiosas. «Henri-Pierre Perod abrió varias destilerías en Francia tras la primera en Pontarlier. Representó un floreciente negocio para él, a la vez que una atractiva fuente impositiva en el nuevo régimen francés en los convulsos años revolucionarios» explica Tricas. Posteriormente, este visionario no tardó en comenzar su producción a gran escala en todo el país.

El elixir de uso militar
Con todo, para observar uno de los usos más curioso de la absenta es necesario esperar hasta la época en que Francia se propuso colonizar, a base de mosquete y bayoneta, la región de Argelia a principios del Siglo XIX. Por entonces, el norte de África no era precisamente la panacea en lo que a higiene se refiere, lo que provocaba la proliferación de multitud de enfermedades infecciosas entre los soldados galos que acudían a sofocar revueltas, combatir contra aquellos que se resistían a la ocupación, y encerrar a los líderes locales que les provocaban más de un quebradero de cabeza.

La ingente cantidad de enfermedades que se sucedían por entonces provocó que los militares franceses usaran de forma asidua uno de los principales ingredientes de la absenta. «Durante el siglo XIX los soldados del ejército francés en el Norte de África “fortificaban” el vino con extracto de ajenjo en la creencia de que prevenía la infestación por parásitos intestinales. Es imposible saber la eficacia de tal práctica, pero no es desdeñable a priori», explica a ABC el Doctor en Farmacia. Curiosamente, entre las enfermedades que pretendían evitar estaba la malaria, la cual se contagia usualmente por los insectos y provoca desde vómitos hasta la coagulación de la sangre.

Un veneno generalizado… y prohibido.
hyena_s_soul_absinthe_by_killkennykat-d7aoiksPosteriormente, la absenta se fue generalizando poco a poco en Francia cuando los soldados que combatían en Argelia llegaban al país y solicitaban en sus tascas predilectas un buen trago de ajenjo. De esta forma, el brebaje se popularizó hasta que se convirtió en la bebida predilecta de la clase media de Paris, ciudad donde no era extraño ver cómo, a las cinco de la tarde, decenas de personas se reunían en los cafés y bistrots para disfrutar de la denominada «hora verde». Por entonces, artistas como Van Gogh, Degas, Toulouse Lautrec y Picasso la degustaban asiduamente en un intento de que el «hada verde» (alucinación que los adictos afirmaban que solían ver cuando tomaban este líquido) les inspirara para su próximo trabajo.

Aquellos años, además, se popularizó la tradicional forma de beber este brebaje –la cual se ha mantenido hasta la actualidad-. El primer paso consistía en coger un vaso y llenarlo con un poco de este líquido verdoso. A continuación, se situaba una cuchara sobre él en la que iba superpuesto un terrón de azúcar. La última parte del «ritual» radicaba en dejar caer agua fría sobre el recipiente para que, poco a poco, el alcohol fuera tomando un sabor más dulce.

Realizando periódicamente este ritual fue como decenas de escritores como Maupassant, Edgar Allan Poe, Baudelaire, Rimbaud o Ernest Hemingway se terminaron haciendo adictos a la absenta. Personajes como Oscar Wilde definían así lo que sentían cuando la ingerían: «Cuando se beben las ideas se desasocian. Piense en un sombrero de copa. Untes cree que lo ve como es, pero no es cierto, tiene una imagen de él que se asocia con una serie de ideas. Si le hubieran hablado de uno, y de repente lo viera, se asustaría o se reiría. Ese es el efecto que tiene el ajenjo, y es la razón por la que los hombres se vuelven locos».

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No era para menos, pues el abuso en el consumo de absenta provocaba, debido a su alto contenido en neurotóxicas, todo tipo de dolencias. «La toxicidad de la absenta no se debe al alcohol, sino a los compuestos denominados terpénicos (la tuyona es uno de ellos). Auguste Motet presentó en 1859 una tesis doctoral titulada “Sobre el alcoholismo y los efectos venenosos producidos en el hombre por el licor de absenta”. No tuvo mucha repercusión. Sí, en cambio, el trabajo breve publicado por Louis V. Marcé acerca de unos experimentos realizados en el Bicêtre (un prestigioso hospital de París) en el que inyectaba esencia de absenta a perros, describiendo sus consecuencias: “convulsiones, evacuaciones, dificultad respiratoria y espumarajos”, que guardaban semejanza con los efectos observados en los bebedores habituales. Una serie de trabajos posteriores confirmaron estas primeras descripciones, alertando del peligro de su consumo», destaca Tricas.

El abuso masivo que la sociedad hacía de esta bebida, sumado a sus efectos alucinógenos y a su «mala prensa» (en 1905, por ejemplo, el caso de un francés que asesinó a su familia tras emborracharse –entre otras cosas- con absenta tuvo una gran repercusión) provocó que finalmente fuera prohibida su elaboración en multitud de países. «Tras varias modificaciones de su fórmula tendentes a rebajar tanto su grado alcohólico como la concentración de aceites esenciales, finalmente Francia, donde la bebida tuvo más auge entre poetas malditos y pintores impresionistas, terminó por prohibir su venta y fabricación (no su consumo) en el año 1915. En Iberia (España y Portugal) nunca ha estado prohibida la absenta, pero no existe tradición de uso», finaliza el experto.

Fuente: ABC.es

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